Desde que hace más de dos años le regalé a mi nieto Carlos una casita de muñecas por su 5º cumpleaños su hermana Irene no dejó de ansiar una para ella sola.
Jugó mucho con la casita de Carlos pero sentía que no era suya y no podía disponer como le apeteciera.
El verano pasado me lo dijo claramente: "abuela Mati, a mi hermano le regalaste una casita muy grande y yo no tengo ninguna".
Yo me propuse que Irene tendría su casita y le escribí una carta a Papá Noel encargándole una.
Con la crisis Papá Noel decidió hacer un llamamiento  a un grupo de artesanos aficionados a las miniaturas para las casitas de muñecas, a mí por ser la abuela me pidió más cosas que a los demás y me hizo rebuscar entre mis cajones de los tesoros hasta dar con todo lo necesario.
Es por eso que en esta casita hay una especie de mezcla en las piezas que la decoran y también muchos detalles que estos queridos artesanos hicieron con tanto primor y cariño
El día de Navidad Irene resplandecía de alegría y felicidad y yo sólo lamenté que no viva más cerca para poder observarla a menudo mientras juega con su casita.